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Tuesday

3

Mientras caminaba inquieto por un espeso bosque percibí un murmullo, ¿qué era?... no demoré en reconocerlo, se trataba del mar, había un mar cerca. Seguí caminando ahora curioso por saber dónde se encontraba la costa. Me dejé conducir por ese sinfónico oleaje.

Parecía que no habían minutos que transcurrieran. Aparte del sonido de ese mar exacerbado escuchaba el sonido de mi respiración agitada. Había dejado mucho detrás de mí. La distancia era cada vez algo que me acomodaba más.

Es exquisito alejarse. Exquisito disfrutar el olvido.

El olvido.

Mirando unos candelabros dorados. Hay poca luz, no es necesaria, Alfonso se fue. Ella, sentada, acurrucada sobre la alfombra esperando que las horas corran de una vez. Impaciente, desliza su mano por un sector de la alfombra que está a su lado. Pero sus pensamientos no están sobre la alfombra. Entrelaza sus manos, estrechando más sus rodillas contra su pecho. A pesar de no querer luz las cortinas están abiertas. Mira el techo...alto. Su cabeza inclinada hacia atrás. Pequeñas lágrimas brillan en sus ojos. Se toca la frente y recuerda cuando era niña. Cuando saltando con su cordel infantil vio que llegaba el novio de su hermana mayor. Él no la reconocía y entró así no más a la casa de su novia, golpeando antes a la puerta. La niña lo miraba intrigada. ¿Por qué vino así de pronto?¿Habrá sabido que no se encontraban los papás? Tal vez por eso su hermana mayor le dijo que por qué no salía a jugar… Luego vio que la luz de la habitación de arriba se encendía, era la de su hermana. La niña decidió entrar a la casa y mientras iba subiendo las escaleras logró escuchar ciertos ruidos que venían de esa habitación. Se rascó la cabeza. Con paso sigiloso fue acercándose a la puerta pintada de rojo.

Por el orificio trató de ver algo.

Vio dos bocas entregadas a un beso que las hacía irreconocibles una de otra. Vio una mano grande, de dedos largos, deslizándose por debajo de la falda hasta lograr correr la prende de algodón … La niña abría más sus ojos que apenas comprendían pero que estaban ansiosos por ver más. Y podría haber seguido viendo pero la pareja se levantó y se hizo a un lado fuera del margen de visión.

Todo eso lo recuerda como si fuera ayer. Hace trabajar su memoria… su mano que toca la alfombra es asaltada por el pelaje de Shakespeare, el gato. Éste se deja acariciar por un rato hasta que se tumba sobre la alfombra violentamente. Ella se levanta de ahí y camina hasta el dormitorio. Se coloca frente al espejo, observa su rostro, se toma el pelo, siente un sofoco en la garganta y comienza a quitarse el suéter. De pronto suena el timbre. Le da fastidio. ¿Quién podrá llamar? Se quita las botas, vuelve a sonar el timbre. Molesta se pone pantuflas y camina a la puerta. Abre rápidamente. Es él… Hola Irene.

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