VI

" Prometo no volverme a fijar en una calientasopa" , se dijo a sí mismo O'Henry mientras limpiaba su révolver. A la única mujer a la que le importó, a pesar de ser una vieja reculeca, ha sido su madre. Fue ella quien lo impulsó a seguir la carrera militar. Gracias a ella él conoció el placer de volarle los sesos al enemigo, de disparar de frente, como un hombre, y abrirle el abdomen a aquél que se lo mereciera para que sus tripas quedaran esparcidas por el suelo. El campo de batalla es mucho más grande. Esta noche es la última noche para descansar. Pero él no descansa. Tiene sed insaciable de justicia. Quiere limpiar su tierra materna de la peste que aún sigue respirando libre y espontánea.

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