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(...)
Despertar. Se arruga la frazada. Se arrugó. Una voz de mujer que conversa con su padre. Está esto todo oscuro. A veces se dibuja el reflejo de las luces de los autos de la calle sobre la pared, los autos que se movilizan al exterior de esta habitación. Allá afuera. Los autos son distintos a los trenes. Nadie espera a los autos, a no ser que se trate del auto de alguno de los padres o del auto del pololo o la polola. Él recuerda a una chica que lo sorprendió con su auto, con las luces de su auto. Él iba llegando a clases de... algo. La chica en ese entonces estudiaba periodismo, después... Había otra chica a quien parece ser que nunca vio conduciendo. O parece que sí. Lo que sí nunca le llevó a él en auto. La primera tampoco. La que sí lo llevó en auto fue la profesora de ... Con quien nunca pasó nada, aunque ella sentía algo por él. Él no sentía nada por nadie. O parece que sí había alguien. Pero ese dato ha sido bien esquivo para revelarse a cualquiera. Años después la profesora Jill lo condujo en auto también, de un lugar de la ciudad al otro. De una imprenta a un instituto. Pero ahí él no estaba solo con ella, habían otras personas también dentro del auto. Pero tampoco pasó nada entre ambos. Algo que él definitivamente lamenta. Trató en vano de ubicarla meses después, sin éxito. O mejor dicho...
La oscuridad es similar a veces a la que se respiraba dentro del útero, al principio de la existencia. Las manos en los bolsillos. El abuelo se yergue de su cama, antes que él en la suya. Se empieza a sentir el frío, las pálidas y largas manos se enfrían. Decide entonces caminar por una de las galerías. Su nariz desarrolla una colonia de bacterias. Bacterias que flotan en el aire. Aire que parecía más puro que el de la ciudad. Y ya se ve que ninguno aire es puro. Todos los aires son habitados por microorganismos enemigos de los seres humanos. Huéspedes que no son bienvenidos. Ahora ¿quién es huésped de quién? Ningún aire, como decía, es puro y hermoso. Ni siquiera los buenos aires. Se guarda las manos en los bolsillos. En un vértice encuentra un libro que descansa sobre una repisa, iluminado débilmente por una vela. Lo coge.
Samuel ha descubierto un canal que comunica agua y se pierde oscuramente bajo otra galería. A la cual aún no tiene acceso. A la cual todavía no conoce. Es algo con lo cual no se ha encontrado. Algo que no ha vivido. Al estar dentro del útero no había vivido aún. Reposaba... O se preparaba. Sin entrenamiento, sin información previa para recibir. Sólo con alientos, proteínas, vitaminas, que su interlocutora materna le proveía. Cosas que sigue viviendo pero sin interlocutora. Cosas que vivió y no se han podido borrar de la memoria. Información digerida con anterioridad, o que aún no se termina de procesar. Como de que la chica después estudió diseño; la profesora que lo dejó cerca de una estación de metro. Y días atrás ellos dos se quedaron a solas en un cuarto, pero no hubo libido para desatar. No había tiempo para ambos para compartir. Es decir, hubo compartimiento, pero no del tipo que pueden un hombre y una mujer llegar a tener entre sí.
Descubrió que Jill participaba en seminarios. No alcanzó a planear una visita a alguno de esos seminarios...
Cogió el libro y lo empezó a hojear. Estaba escrito en holandés y al parecer trataba sobre asuntos marítimos, por lo que las ilustraciones alcanzaban a sugerir. El libro se encontraba en un pésimo estado. O más precisamente : varias hojas estaban hechas polvo. Otras no, estaban totalmente a salvo. En varias páginas habían anotaciones a mano en los bordes y pequeños dibujos también hechos a mano con tinta conchevino. Quizá este libro estuvo en la biblioteca que sufrió un saqueo años atrás luego de haber sido cubierto por el mar, cuando éste se levantó para cubrir una buena porción de la ciudad. A esa biblioteca él fue junto con su padre al día siguiente del saqueo. Y encontraron varios vólumenes intactos.
Pero ahora cierra los ojos. Desea no haber despertado.
Despertar. Se arruga la frazada. Se arrugó. Una voz de mujer que conversa con su padre. Está esto todo oscuro. A veces se dibuja el reflejo de las luces de los autos de la calle sobre la pared, los autos que se movilizan al exterior de esta habitación. Allá afuera. Los autos son distintos a los trenes. Nadie espera a los autos, a no ser que se trate del auto de alguno de los padres o del auto del pololo o la polola. Él recuerda a una chica que lo sorprendió con su auto, con las luces de su auto. Él iba llegando a clases de... algo. La chica en ese entonces estudiaba periodismo, después... Había otra chica a quien parece ser que nunca vio conduciendo. O parece que sí. Lo que sí nunca le llevó a él en auto. La primera tampoco. La que sí lo llevó en auto fue la profesora de ... Con quien nunca pasó nada, aunque ella sentía algo por él. Él no sentía nada por nadie. O parece que sí había alguien. Pero ese dato ha sido bien esquivo para revelarse a cualquiera. Años después la profesora Jill lo condujo en auto también, de un lugar de la ciudad al otro. De una imprenta a un instituto. Pero ahí él no estaba solo con ella, habían otras personas también dentro del auto. Pero tampoco pasó nada entre ambos. Algo que él definitivamente lamenta. Trató en vano de ubicarla meses después, sin éxito. O mejor dicho...
La oscuridad es similar a veces a la que se respiraba dentro del útero, al principio de la existencia. Las manos en los bolsillos. El abuelo se yergue de su cama, antes que él en la suya. Se empieza a sentir el frío, las pálidas y largas manos se enfrían. Decide entonces caminar por una de las galerías. Su nariz desarrolla una colonia de bacterias. Bacterias que flotan en el aire. Aire que parecía más puro que el de la ciudad. Y ya se ve que ninguno aire es puro. Todos los aires son habitados por microorganismos enemigos de los seres humanos. Huéspedes que no son bienvenidos. Ahora ¿quién es huésped de quién? Ningún aire, como decía, es puro y hermoso. Ni siquiera los buenos aires. Se guarda las manos en los bolsillos. En un vértice encuentra un libro que descansa sobre una repisa, iluminado débilmente por una vela. Lo coge.
Samuel ha descubierto un canal que comunica agua y se pierde oscuramente bajo otra galería. A la cual aún no tiene acceso. A la cual todavía no conoce. Es algo con lo cual no se ha encontrado. Algo que no ha vivido. Al estar dentro del útero no había vivido aún. Reposaba... O se preparaba. Sin entrenamiento, sin información previa para recibir. Sólo con alientos, proteínas, vitaminas, que su interlocutora materna le proveía. Cosas que sigue viviendo pero sin interlocutora. Cosas que vivió y no se han podido borrar de la memoria. Información digerida con anterioridad, o que aún no se termina de procesar. Como de que la chica después estudió diseño; la profesora que lo dejó cerca de una estación de metro. Y días atrás ellos dos se quedaron a solas en un cuarto, pero no hubo libido para desatar. No había tiempo para ambos para compartir. Es decir, hubo compartimiento, pero no del tipo que pueden un hombre y una mujer llegar a tener entre sí.Descubrió que Jill participaba en seminarios. No alcanzó a planear una visita a alguno de esos seminarios...
Cogió el libro y lo empezó a hojear. Estaba escrito en holandés y al parecer trataba sobre asuntos marítimos, por lo que las ilustraciones alcanzaban a sugerir. El libro se encontraba en un pésimo estado. O más precisamente : varias hojas estaban hechas polvo. Otras no, estaban totalmente a salvo. En varias páginas habían anotaciones a mano en los bordes y pequeños dibujos también hechos a mano con tinta conchevino. Quizá este libro estuvo en la biblioteca que sufrió un saqueo años atrás luego de haber sido cubierto por el mar, cuando éste se levantó para cubrir una buena porción de la ciudad. A esa biblioteca él fue junto con su padre al día siguiente del saqueo. Y encontraron varios vólumenes intactos.
Pero ahora cierra los ojos. Desea no haber despertado.
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